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POR
HUGO HERNANDO MARTÍNEZ, DEPORTE & NEGOCIOS, MIAMI
RESUMEN
Para
que el nombre de una celebridad deportiva sea valorado
a la hora de rentar su imagen en los mercados del entretenimiento
se necesita algo más que el éxito en los estadios
de juego: el aval de comportamiento por parte del consumidor.
La razón, así nunca lo hubiera llegado a conocer
en persona, el consumidor habla de ser como él, vestir
como él y tener el gusto de su ídolo. Es lo que
la experta en marketing de la escuela de negocios de WHARTON,
BARBARA KHAN, explica como "la facilidad para identificarnos
con una marca cuando ésta tiene una cara humana, y la
gente puede iniciar y desarrollar una relación incluso
si ésta sólo existe en una dirección".
Las estrellas del tenis STEFFI GRAF y ANDRE AGASSI debieron
trabajar 15 años en los escenarios de competencia para
personalizar la marca AGASSI GRAF DEVELOPMENT LLC, una firma
de construcción de complejos de vacaciones y deportivos
de lujo. Ellos crearon un vínculo emocional con sus clientes
por la impronta que dejaron como atletas de solvencia moral
en la industria del tenis. Pero otros, como Tyson, Maradona
o Ronaldo no son signo de transparencia para certificar la autenticidad
de conducta a la hora de general valor corporativo a pesar del
impacto mediático que consiguieron tras sus habilidades
como atletas. En el documento que se dispone a leer encontrará
una serie de aportes acerca de las fortalezas y los riesgos
cuando el nombre de un deportista se convierte en un icono inseparable
de la marca empresa. Pero ¿qué ocurriría
si el buen nombre del líder se mancilla? Un suceso que
podría presentarse en cualquiera organización
privada cuyo nombre del consejero delegado es de hecho la marca.
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