Por qué deporte, política y corrupción ligan armoniosamente

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Líneas de entretenimiento como los Juegos Olímpicos o la Copa Mundo FIFA se convirtieron en un ritual de consumo para limpiar responsabilidades de los regímenes que han contribuido a sacudir los cimientos del orden internacional.

En efecto, para muchos gobiernos, el deporte como vehículo portador de la tolerancia, la paz, la diversidad y los derechos humanos es un pretexto estratégico de proyectar imagen positiva de Marca País. Rusia, en su acucioso afán de legitimación global, ve en el deporte una forma de explicarle al mundo que es un guardián de las normas universales. El estado del Vaticano fundó 2004 un departamento de deportes para abrir las nuevas fronteras de la evangelización. La diplomacia de Ping-Pong de los años setenta entre los Estados Unidos y China con una serie de juegos de tenis de mesa jugados en ambos países, allanó el camino para abrir el diálogo. Hace poco, Corea del Sur, sede de los Juegos Olímpicos de 2018 en Pyeongchang, puso expedito el camino para la cumbre entre los líderes de Corea del Norte y los Estados Unidos al aceptar que tanto un equipo de hockey de su vecino del norte como en su desfile inaugural, hiciera presencia. Pero también hay un mal enquistado en todos estos procesos que propicia el deporte como producto fusionado a un acontecimiento masivo: La corrupción. ⇒ SIGA EL DESARROLLO TEMÁTICO…+

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