Los líderes derrotados a menudo continúan compitiendo no por lógica estratégica, sino por dinámicas de rivalidad, reputación y legado. Esta persistencia desafía modelos racionales de retiro y redefine el liderazgo en contextos de alta presión como los negocios, la política y el deporte.
Las emociones luego de un resultado negativo se exaltan tanto en los equipos del deporte como en las fases de productividad de las empresas. Chocan intereses, necesidades, culturas y hasta egos. ¿Cómo gestionarlas?