Alquimia Analítica: cómo convertir a los coequiperos en campeones

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En los directorios ejecutivos de las franquicias de la NFL (fútbol americano), NBA (baloncesto), MLB (béisbol), NHL (hockey) y MLS (soccer) prevalece hoy un interés común: encontrar respuestas a dos interrogantes que podrían conducir a mejores rendimientos económicos a partir de la gestión de la materia prima (jugadores)

¿Cómo identificar, integrar, desarrollar, entrenar y dirigir una mezcla de talentos, para convertirla en un todo que sea medible mayor que la suma de sus partes? ¿Cuáles características de combinación tienen los jugadores de alto desempeño, que pueden empoderar a todos a su alrededor para superarse?

Se trata de la alquimia analítica para transformar a los coequiperos en campeones.

Es lo que Michael Schrage en su obra “Serious Play” define como el concepto de cuantificar la química de grupo – identificando los talentos, atributos y habilidades combinadas, que hacen que un equipo se desempeñe mejor que un grupo de individuos talentosos. 

La química del equipo y el análisis del desempeño

Un amigo mío, que es un talentoso diseñador de videojuegos, tenía una puntada lista para responder cada vez que los ejecutivos de empresas emergentes le preguntaban si era un jugador de equipo. “Sí,” respondía siempre, “capitán del equipo.”

Usualmente lo contrataban.

Ser un buen miembro de equipo rápidamente se está convirtiendo tanto en un ingrediente esencial para ser contratado, como en una habilidad crítica para la misión y digna de ser medida.

Recientemente pasé un fin de semana en la Sports Analytics Conference, de la Sloan School of Management del Massachusetts Institute of Technology, y me di cuenta de que el concepto de cuantificar la química de grupo –identificando los talentos, atributos y habilidades combinadas, que hacen que un equipo se desempeñe mejor que un grupo de individuos talentosos- se ha convertido en el nuevo santo grial de los análisis deportivos.

¿Cómo pueden los líderes identificar, integrar, desarrollar, entrenar y dirigir una mezcla de talentos, para convertirla en un todo que sea medible mayor que la suma de sus partes? ¿Cuáles características de combinación tienen los jugadores de alto desempeño, que pueden empoderar a todos a su alrededor para superarse?

Este es el desafío que cautiva a las más brillantes mentes y las mayores billeteras en el mundo deportivo.

Por supuesto, identificar medidas al estilo de Moneyball e impulsar el desempeño individual sigue siendo vital. Sin embargo, este evento fue la primera vez que vi a muchas luminarias atléticas de primer nivel, particularmente entrenadores y directivos, hablando melancólica y ambiciosamente acerca de la alquimia analítica que puede convertir a los coequiperos en campeones.

“El siguiente paso en el análisis será cómo crear química,” dijo Phil Jackson, el antiguo entrenador de los Chicago Bulls y Los Ángeles Lakers, que ha ganado la mayor cantidad de campeonatos de la NBA en la historia. Jackson me dijo que, como 11 veces campeón, él siempre estaba buscando “lo que crea los lazos” entre jugadores y lo que puede separarlos de sus competidores. Jackson era famoso por alentar el entrenamiento de la conciencia y la meditación, para poner a sus jugadores en sincronía.

En un panel de discusión, titulado “Construyendo una Dinastía,” Jackson resaltó que él siempre estaba abierto a los números y análisis que ofrecían perspectivas actuables en cuanto a la forma de alentar a los integrantes de su equipo, para jugar mejor en conjunto. Él observó que motivar a jugadores individuales, como Shaquile O’Neill o Kobe Bryant, era una cosa, pero identificar los ingredientes que motivaban a todos, tanto durante la práctica como en los partidos, era un desafío diferente en términos cualitativos y cuantitativos.

“Ahora deberíamos ser capaces de hacer mucho más,” dijo Jackson.

George Karl, el séptimo entrenador en la historia de la NBA en alcanzar 1,000 victorias, destacó similarmente la necesidad de que los entrenadores serios y los gerentes generales cuantifiquen lo que él llamó “teamness” (equiposidad).

El gurú de las estadísticas, Nate Silver, quien se mudó del The New York Times a ESPN, señaló que cuantificar la química importa mucho más en deportes orientados al equipo, como el basquetbol y el futbol americano, que en deportes con más énfasis en el desempeño individual, como el béisbol.

El gran tema emergente en la conferencia era que los cuantificadores y analistas deportivos, además de los entrenadores y gerentes generales, se están volviendo más creativos, innovadores y agresivos, al identificar no sólo las combinaciones y parejas efectivas de jugadores, sino también los ingredientes especiales que influyen en dicho éxito.

Se está poniendo más atención cuantitativa al qué tanto los jugadores mejoran el desempeño de sus compañeros durante los partidos.

¿Existen situaciones particulares de juego en las que su influencia positiva o negativa sea estadísticamente pronunciada? ¿Puede ese impacto correlacionarse de forma significativa con atributos psicológicos u otras características del comportamiento? De hecho, ¿Cómo pueden los entrenadores mejorar el coeficiente de “equiposidad” en el desempeño de sus jugadores?

Por supuesto, la MLB, NBA, NFL y la FIFA son difícilmente análogas a las gigantes empresas globales o a las empresas emergentes del Silicon Valley. Sin embargo, las compañías de alto desempeño a nivel mundial están monitoreando y midiendo digitalmente a su gente, de forma más integral y rigurosa.

Los deportes profesionales se han convertido en innovadores y adoptantes tempranos de las mediciones multidimensionales para individuos y equipos a la vez. Las compañías de Fortune 100 alguna vez invitaron a los atletas y entrenadores profesionales para que fueran conferencistas motivacionales en eventos internos; ahora, la conversación está cambiando hacia el compartir las mejores prácticas respecto al análisis.

¿Cómo podría la “equiposidad” mejorar el tiempo de arribo al mercado de los esfuerzos de desarrollo de nuevos productos? ¿Cómo podrían los Presidentes Ejecutivos y miembros de las juntas directivas, desplegar buscadores de talentos y ejecutivos de forma diferente, si la química pudiera medirse de mejor forma?

Por supuesto, los equipos deportivos compiten físicamente, pero ¿qué puede significar la química cuando el trabajo de conjunto es más digital y virtual?

La conferencia no ofreció ninguna respuesta concreta a estas preguntas, pero esta es la arena donde el futuro de la cuantificación del desempeño y el trabajo de los equipos se está discutiendo. Uno puede hacer una excelente carrera conduciendo investigaciones en química física o inorgánica, pero la verdadera mina de oro postindustrial está en la vanguardista investigación en química de equipo.

Sobre el autor de este artículo académico:
MICHAEL SCHRAGE, investigador en el Center for Digital Business de la Sloan School of Management, en el MIT, es autor de “Serious Play.”
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