Cómo gestionar los peligros de la exclusión social en la industria del deporte

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En cada etapa o fase de un proceso, desarrollo o transformación, segregar ha sido uso de la sociedad para medir posición social y poder. Separar y marginar a una persona o a un grupo de personas por motivos sociales, políticos o culturales es todavía una manifestación notoria en la industria del deporte.

En repulsión, luego de finalizar la carrera de los 200 metros en los Juegos Olímpicos de México, 1968, los atletas afroamericanos Tommie Smith y John Carlos, medalla de oro y de bronce respectivamente, alzaron su puño envuelto en un guante negro mientras el himno estadounidense se escuchaba en el estadio. Un gesto que dio la vuelta al mundo y que se instaló con forma de afiche en la historia social del siglo veinte: sus puños alzados representaban el símbolo del Black Power (poder negro), el movimiento en el que se resumía las protestas y las aspiraciones de la comunidad negra en los Estados Unidos. En los setenta y ochenta, la sociedad inglesa aceptó que los hooligans (gamberros) en el fútbol, convirtieran el racismo en manifestaciones de odio, repugnancia y hostilidad hacia los jugadores negros extranjeros. El estadounidense James Watson, considerado el ‘padre del ADN’, predicó en una de sus obras, que los individuos de raza negra son menos inteligentes que los blancos. Pero sus teorías se vienen abajo cuando se trata de buscar la superioridad de los deportistas negros en pruebas que conllevan esfuerzos muy intensos pero de corta duración, como los que requieren la práctica del atletismo, baloncesto o fútbol americano. Un escándalo sonoro fue el de la suiza Martina Hingis durante un US Open. En una controvertida entrevista a una revista estadounidense acusó a la familia Williams de sacar ventaja del color de su piel para obtener buenos patrocinadores. Sus críticas cayeron como una bomba en el aristocrático y cerrado círculo de la elite del tenis mundial, una especie de circo romano donde conviven estrellas millonarias, dirigentes históricos y empresarios avispados. En respuesta, el padre de las jugadoras contestó: “Yo soy negro y prejuicioso. La gente es prejuiciosa en el tenis. Creo que mis hijas nunca serán aceptadas por el tenis, pero si tienes unas blanquitas como Tracy Austin y Chris Evert, que no son capaces de pegarle a la pelota, ellos (los medios) dirán que son grandiosas”. ⇒  SIGA EL DESARROLLO TEMÁTICO…⇓

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