Gestionar sin planificación fue el fracaso de una propuesta millonaria que sustituyó el consenso por el ego de sus arquitectos: La Superliga, un modelo de negocio que buscaba poner en marcha el nuevo holding con los más poderosos de la industria del fútbol.
RESUMEN
Gestionar sin planificación ahogó la rebeldía salvadora financiera del proyecto Superliga. Las cifras de la industria del deporte de Estados Unidos parecían el argumento ideal para lograrlo: cuarenta y tres de los 50 equipos deportivos más valiosos del mundo son de esta, la principal economía global. Pero comprado con esta opulencia, los clubes de Europa se ofrecen en un mercado de riesgo: entre 1992 y 2014 hubo 45 insolvencias en las tres primeras categorías del fútbol inglés, 40 en Francia y 30 en Alemania. En este contexto, La Superliga prometía una voz de solución tanto en lo financiero como en la persuasión de consumo de una industria de altísimo ruido mediático, pero “esencialmente insolvente”, más en estos días de agitación pandémica. Pero el proyecto de negocios de la propuesta solo para los 20 clubes más ricos del continente, que comenzaría en agosto 2021, se quedó sin estadio para su juego millonario.
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